Mi Experiencia con la Tecnología Vestible
- Jaime Roa, M.D.

- 20 feb 2024
- 5 Min. de lectura
Toda mi vida he estado fascinado por la utilización de la tecnología aplicada al deporte. Recuerdo el manillar de triatlón utilizado por el ciclista estadounidense Greg Lemond en el Tour de Francia de 1989, que lo llevaría a la victoria final en la contrarreloj de la última etapa. O la posición especial sobre la bicicleta de Graeme Obree en 1993, o su posición de "Superman" en 1995. Admiré también las diferentes innovaciones en los marcos de las bicicletas utilizados por el ciclista británico Chris Boardman durante esos mismos años, así como la expansión del uso de los monitores de frecuencia cardíaca a finales de los 80 y comienzos de los 90, y la expansión del uso de potenciómetros finalizando los años 90 y comienzos de la década de los 2000. Todas estas innovaciones tecnológicas en el ciclismo particularmente me marcaron.
Personalmente, en 1994, yo ya utilizaba un reloj Polar con monitor de frecuencia cardíaca, siendo el primero o uno de los primeros ciclistas de mi escuela de ciclismo en Cali, Colombia, en utilizarlo. Y para 1998 ya contaba con mi primer ciclosimulador interactivo que tenía la posibilidad de simular pendientes, analizar la potencia y la biomecánica del pedaleo y donde podía simular virtualmente prácticamente cualquier recorrido que le programara. Era el CompuTrainer de la compañía Racermate Inc., descontinuado en 2017 debido a la rápida evolución del mercado de ciclosimuladores inteligentes y el surgimiento de nuevas tecnologías y competidores, tales como ciclosimuladores inteligentes que ofrecían sistemas de transmisión directa, conectividad inalámbrica e integración con plataformas de entrenamiento inmersivo como Zwift, TrainerRoad y Sufferfest. Esto comenzó a eclipsar a los simuladores tradicionales con rueda como el CompuTrainer. Estos nuevos entrenadores inteligentes proporcionaban una sensación de rodaje más realista, una configuración más fácil y, a menudo, eran más asequibles, atrayendo a un segmento más amplio de la comunidad ciclista. Sin embargo, dejaré ese tema de ciclosimuladores inteligentes para otra publicación.
En cuanto al tema específico de la tecnología vestible, los primeros relojes inteligentes que tuvieron la posibilidad de monitorear variables de salud, bienestar y fitness salieron al mercado en la década de los 2010s. Tuve la oportunidad de experimentar esta tecnología hacia el año 2014, primero con la pulsera Polar Loop y posteriormente con el Apple Watch de primera generación en 2015 y Garmin Fenix en 2019. Cabe aclarar que solo hacia el año 2018 fue que estos relojes tuvieron la oportunidad de hacer mediciones a través de la variabilidad de la frecuencia cardíaca (más específicamente con la variabilidad del pulso). Esto permitiría monitorear un mayor número de variables de salud, bienestar y fitness como el estrés fisiológico, la calidad de sueño, el consumo máximo de oxígeno, entre otras.
En el campo académico, ha existido gran controversia acerca de si estos dispositivos vestibles tienen o no la capacidad de medir dichas variables de manera precisa y consistente durante las 24 horas del día, 7 días a la semana. Para obtener dicha evidencia científica, lo ideal es tener artículos de revisión o metaanálisis. El inconveniente es que, al ser una tecnología nueva, está constantemente evolucionando. A la fecha, ya no solo hay relojes inteligentes, sino que también tenemos anillos, pulseras, bandas, mangas y hasta gafas inteligentes. Adicionalmente, los sensores de cada uno de estos dispositivos también van evolucionando y cambiando, aumentando su poder de medición y precisión. Así que cuando sale un artículo científico publicado sobre estos dispositivos, han pasado uno o más años desde que este se evaluó. Y resulta que para ese entonces el dispositivo tiene un sensor mejorado.
Otro factor que complica el análisis de la precisión y consistencia de dispositivos de tecnología vestible es la variación de uso entre personas. Aspectos como el tono de piel, el ajuste del dispositivo, la marca y modelo del dispositivo, el sensor, la presencia o no de tatuajes en el lugar de colocación del dispositivo, su calibración, la cantidad de movimiento corporal y hasta el flujo sanguíneo de la zona donde va ubicado influyen en su precisión. Por ejemplo, está descrito que los tatuajes y los tonos de piel más oscuros pueden tener dificultades en la medición de variables debido a la tecnología de luz (fotopletismografía) que se utiliza. Si el dispositivo está demasiado ajustado o muy flojo, también contribuye a errores en la medición.
Sin embargo, si dejamos atrás estas variables y el dispositivo tiene un sensor de última generación, está adecuadamente bien ajustado y ubicado, y no hay variables en la piel que influyan negativamente, la experiencia de casi una década me ha demostrado que estos dispositivos pueden convertirse en un elemento indispensable en la medición de variables relacionadas con la salud, el bienestar y el fitness.
Casi 10 años de datos acumulados utilizando y analizando comparativamente dispositivos como el Apple Watch (incluyendo el Apple Watch Ultra), el Garmin Fenix (6 en adelante), Garmin Epix, el Polar V2, la banda Whoop e incluso el anillo Oura me han demostrado que toda esta tecnología vestible (aquellos con los sensores de última generación) puede medir de manera suficientemente precisa y consistente datos como las pulsaciones por minuto, la saturación de oxígeno, las ventilaciones por minuto, la calidad y cantidad de sueño, el estrés fisiológico, las calorías gastadas, pisos subidos, pasos dados, consumo máximo de oxígeno, la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC), la batería corporal, aclimatación al calor y a la altura, el desfase horario (jet-lag) y hasta la temperatura corporal. Tengo miles de datos en diversos escenarios que me permiten corroborar dicha información: estados basales y de reposo, estados de fatiga, cuadros virales, viajes a la altura y a nivel del mar, diferentes momentos de estado de forma, y correlación en múltiples ocasiones entre dos o más dispositivos simultáneamente (por ejemplo, un Apple Watch Ultra en una muñeca y un Garmin Epix en la otra muñeca).
Todavía no podría decir que hay precisión en los datos de presión arterial en aquellos dispositivos que dicen medirla. Para esto, todavía estamos a unos cuantos años. Tampoco podría decir que los dispositivos que utilizan la fotopletismografía son más exactos que las bandas o monitores de frecuencia cardíaca en el pecho que utilizan electrocardiografía para sus mediciones. Pero recordemos que el propósito de la tecnología vestible es poder monitorear continuamente variables fisiológicas, 24 horas al día y 7 días a la semana. Que sea de fácil acceso y precio razonable para la mayoría de las personas y cuya batería permita estas mediciones continuas durante horas, días, semanas y meses.
¿Qué viene en el futuro próximo? Mejor análisis de todas estas variables usando inteligencia artificial para emitir recomendaciones más apropiadas en cuanto a la salud, el bienestar y el fitness; posibilidad de poder monitorear de manera no invasiva la glicemia (glucosa en sangre) y el lactato, lo que revolucionaría el mundo del deporte y las ciencias aplicadas al deporte; y poder tener más opciones para vestir esta tecnología con las diferentes marcas y modelos. Por ejemplo, hay rumores de que Apple entraría a competir con el Oura ring con su propio anillo, tal como ya lo anunció Samsung. También espero que los sensores evolucionen hasta el punto en que puedan estar a la par del estándar de oro de la medición por electrocardiografía. Estaré muy atento a cuando estas innovaciones lleguen a ser comercializadas y seguramente estaré informando de mi experiencia con ellas.
Jaime Roa, M.D
Médico Especialista en Medicina del Deporte
Máster en Fisiología del Ejercicio
Magíster en Educación
Fundador & Director Científico SportsMedTraining

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